(01) — La IA en mi flujo de trabajo
Dónde ayuda de verdad, y dónde solo hace ruido
La IA no ha cambiado qué decido; ha cambiado cuánto tardo en llegar a la decisión. Estos son los cinco sitios donde entra en mi proceso, y en todos ellos la revisión final es mía.
- Síntesis de investigación Doce entrevistas, cuatrocientos tickets de soporte y una hoja de cálculo de analítica se convierten en una lista de patrones en una tarde en vez de en una semana. Después vuelvo a las fuentes y compruebo cada patrón: lo que no encuentro en el material original, se cae.
- Exploración de variantes de interfaz Seis maneras de resolver la misma tabla de ajustes, en el tiempo que antes costaba una. Sirven para descartar deprisa, que es para lo que existen las variantes; la que sobrevive la dibujo yo.
- Andamiaje y refactor de código El esqueleto de un componente de Angular o React, la conversión de una maqueta a componentes, la migración repetitiva de mil ficheros. Lo leo entero antes de que entre en el repositorio.
- Primera pasada de accesibilidad Encuentra el
aria-labelque falta y el contraste corto en segundos. No sustituye a probarlo con un lector de pantalla, que es la parte que de verdad decide. - Textos de interfaz Los mensajes de error, los estados vacíos y las etiquetas que nadie quiere escribir. Diez versiones para elegir el tono, y después una reescritura a mano para que suene a la marca y no a plantilla.
Lo que la IA no hace en mi proceso
No decide la arquitectura de la información, porque para eso hay que saber qué significa el contenido para el negocio que lo publica. No firma investigación: si un dato no está en la fuente, no entra en el informe. No entrega código sin que yo lo haya leído línea a línea. Y no hace la identidad de marca, que sigue saliendo de entender a un cliente concreto y no de una media estadística de todos los demás.
Esto es una postura de trabajo, no un adorno: viene de trece años firmando informes de cerámica para una misión arqueológica del CSIC, donde el dato tiene que poder comprobarse y, si algo no se sabe, se dice.
(02) — Diseñar para la IA
Una interfaz de IA es un problema de diseño distinto
Un producto normal responde lo mismo dos veces. Uno con IA, no. Eso rompe las tres cosas sobre las que se apoya casi todo el diseño de interfaz: que el resultado sea previsible, que el error sea claro y que el usuario sepa de quién es la culpa cuando algo sale mal.
Diseñarlo bien es, sobre todo, diseñar los bordes: cómo se enseña que la respuesta es una estimación y no un hecho, cómo se corrige sin volver a empezar, qué pasa mientras se genera, qué pasa cuando la generación falla a la mitad, y cómo se dice —sin letra pequeña— qué se está haciendo con los datos de quien pregunta.
Y luego está la marca. Casi todas las empresas de IA llegan con el mismo problema: quieren parecer avanzadas sin parecer intercambiables, en un sector donde todo el mundo usa el mismo degradado morado.
(03) — El caso
KAI · Kallisto AI
Identidad para una empresa de inteligencia artificial aplicada a drones, con tres líneas de producto bajo la misma marca.
Ver la fichaVer la ficha ↗El encargo no era un logotipo: era un sistema. La marca madre tenía que funcionar sola y admitir tres apellidos —SKY, SHIELD y SEG— sin convertirse en tres marcas distintas.
Se presentaron dos caminos: un trazado de circuito que sale de la propia palabra, y un símbolo de red neuronal que puede ir encima o al lado. Cada uno se probó en positivo y en negativo, en horizontal y en vertical, y con las tres submarcas puestas, que es donde los sistemas se rompen. Ganó el segundo.
(FAQ) — Preguntas frecuentes
Lo que me preguntan antes de contratarme
¿Encaja con lo que buscas?
Cuéntame qué estás construyendo y te digo, sin rodeos, si soy la persona adecuada. Respondo en un día laborable, hora de Madrid.
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